El artista-docente ecuatoriano tiene la responsabilidad de llevar al aula el conocimiento ancestral y popular sin folclorizarlo, evitando que quede como una postal turística y logrando que funcione como un aprendizaje transformador.

RAFAEL GUZMÁN BARRIOS
Hablar de pedagogía musical en Ecuador no es hablar solo de “clases de música”; es hablar de cómo se forma la identidad cuando el aula se convierte en un espacio de memoria, pertenencia y creación. La identidad ecuatoriana musical y sonora —plural, plurinacional e intercultural— no se sostiene con repertorios “de moda”, sino con procesos: escuchar, contextualizar, practicar, crear, compartir y evaluar con sentido.
En ese marco, el artista-docente ecuatoriano tiene una alta responsabilidad: llevar al aula el conocimiento ancestral y popular sin folclorizarlo, es decir, evitando que quede como una postal turística y logrando que funcione como aprendizaje transformador.
Identidad: de cuestión decorativa a eje pedagógico
El riesgo habitual es tratar lo identitario de manera superficial: una canción para una efeméride, un baile para una fecha, una audición puntual. Eso suele producir una identidad epidérmica. En cambio, cuando la identidad se asume como eje pedagógico, cambian las preguntas:
- No se trata de “¿qué repertorio ecuatoriano enseño?”, sino ¿qué capacidades musicales, culturales y sociales construyo con ese repertorio?
- No consiste en“¿qué tradición muestro?”, sino ¿qué tradición activo y recreo con el estudiantado?
- No es solo “¿qué salió bonito?”, sino ¿qué evidencia tengo de aprendizaje y apropiación cultural?
Este enfoque conecta con el propio marco curricular del Área de Educación Cultural y Artística, que sitúa la “identidad” como una de sus dimensiones fundamentales. Además, el currículo admite (y en la práctica exige) que se complemente según especificidades culturales y comunitarias, lo cual abre un espacio legítimo para el trabajo con saberes ancestrales y repertorios locales desde la escuela.
Qué necesita el artista-docente: herramientas, no discursos
La identidad se fortalece cuando el docente domina herramientas de diseño didáctico. Tres bloques son decisivos:
- Diseño de secuencias didácticas culturalmente pertinentes: Traducir un saber musical comunitario (canto, toque, danza, práctica ritual, repertorio festivo, tradición oral) a una secuencia de aula con objetivos, actividades, evaluación y adaptación por niveles.
- Composición y arreglo con finalidad pedagógica: Para sostener lo identitario, no basta con reproducir: hay que crear. Arreglos didácticos, variaciones, acompañamientos, pequeñas piezas basadas en células rítmicas o melódicas locales, paisajes sonoros del territorio.
- Tecnologías educativas como mediación (no como sustitución): Aquí entran las TIC: registro sonoro, edición básica, análisis de escucha, portafolios digitales, proyectos colaborativos híbridos. Usar tecnología para documentar, comprender y recrear saberes, no para “modernizarlos” hasta borrar su singularidad.
Cómo convertir un saber ancestral o popular en aprendizaje
Un esquema práctico (y replicable) para trabajar la identidad sin folclorizar:
- Contexto: ¿de dónde viene la práctica?, ¿qué función social cumple?, ¿quiénes la sostienen?, ¿qué valores moviliza?
- Escucha guiada: qué atender (timbre, pulsación, textura, llamada-respuesta, forma).
- Práctica por capas: primero patrón rítmico; luego melodía; etc…
- Recreación: una variación que conserve la gramática y dialogue con el presente del alumnado.
- Evidencias: registro de audio/video, reflexión breve, coevaluación; rúbrica simple (precisión, coherencia estilística, creatividad, colaboración).
- Cierre identitario: ¿qué aprendimos sobre “nosotros” a través de esa práctica?, ¿qué cambia en la manera de escuchar y participar?
Este tipo de diseño convierte lo ancestral y popular en conocimiento vivo: se comprende, se practica y se reinventa, y ahí aparece la incidencia identitaria.
La Maestría en Pedagogía Musical de UNIR
Una formación de posgrado incide cuando ordena y potencia lo que el artista-docente ya hace, pero con método. En la malla curricular del Máster Universitario en Pedagogía Musical de UNIR (Ecuador) hay asignaturas directamente funcionales a esta agenda:
- Investigación e innovación en pedagogía musical: para diseñar propuestas nuevas con lógica evaluable y transferible.
- Fundamentos psicopedagógicos de la educación musical: para tomar decisiones didácticas informadas (progresión, motivación, evaluación).
- Psicología y sociología de la música: para comprender cómo música e identidad se construyen socialmente en el aula y en la comunidad.
- Tecnologías de la información y la comunicación aplicadas a la pedagogía musical: para integrar TIC en proyectos que documenten, analicen y creen desde repertorios locales.
- Elementos compositivos en pedagogía musical: para producir materiales didácticos propios desde la gramática de músicas ecuatorianas.
- Atención a la diversidad y la musicoterapia: para sostener identidad sin excluir (aulas heterogéneas, contextos vulnerables).
- TFM aplicado (investigador o práctico): para convertir una intervención identitaria real en un proyecto defendible y replicable.
La incidencia de la pedagogía musical en la identidad ecuatoriana no depende de “tener repertorio”, sino de saber enseñar identidad: diseñar experiencias donde tradición, creación, reflexión y evaluación se articulen. En la Maestría en Pedagogía Musical de UNIR, el artista-docente ecuatoriano adquirirá recursos para incorporar con criterio herramientas de innovación, composición pedagógica y tecnologías educativas; lo ancestral y lo popular dejarán de ser material decorativo y se vuelven motor de aprendizaje, pertenencia y futuro.
(*) Rafael Guzmán Barrios es director académico del Máster en Pedagogía Musical de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).







