La puesta en marcha de la Política Nacional de Salud Mental 2025-2030 sitúa el bienestar emocional como una prioridad estratégica. Expertos en psicología y trabajo social analizaron los retos del país y señalan a la prevención en la infancia y adolescencia como “la mejor inversión en el bienestar personal”.

Ecuador enfrenta un desafío creciente en materia de salud mental. Solo en 2025 se registraron más de 1,2 millones de atenciones relacionadas con el bienestar emocional, con un aumento significativo de los casos de depresión, ansiedad y conductas de riesgo, especialmente en niños, adolescentes y jóvenes. Estas cifras evidencian la urgencia de fortalecer las estrategias de prevención y acceso a servicios de calidad en todo el territorio nacional.
Este contexto fue el punto de partida de la última edición del Foro UNIR, un espacio de reflexión centrado en el impacto de la recién aprobada Política Nacional de Salud Mental 2025-2030, y en la necesidad de articular educación, sanidad y comunidad para mejorar la calidad de vida de la población ecuatoriana.
El encuentro reunió a Hilario Blasco-Fontecilla, director médico de Emooti y cofundador de Haglaia solutions; María Belén Sosa Araúz, doctora en Psiquiatría; y María José Cisneros Andrade, cofundadora de MENTALMEDIC Ecuador, quienes aportaron una visión multidisciplinar desde la experiencia clínica, comunitaria y educativa frente a más de 1.700 asistentes.
“El bienestar emocional no es lo mismo que la felicidad. Es un proceso amplio que implica autoconocimiento, relaciones sanas y sentido de vida”, explicó Hilario Blasco.
Cinco claves del Foro UNIR
- Prevención desde la infancia: El 70% de los trastornos de salud mental en la adultez se originan en la niñez y la adolescencia. “Si intervenimos temprano, podemos evitar gran parte del sufrimiento futuro”, afirmó Blasco.
- La escuela como espacio protector: Los centros educativos deben convertirse en entornos clave para la detección y prevención. “La salud mental debe abordarse allí donde están los niños y adolescentes”, subrayó el especialista.
- Acceso desigual a los servicios: La atención en Ecuador sigue siendo centralizada. “Un solo hospital psiquiátrico de referencia nacional no es suficiente para cubrir la demanda del país”, advirtió María Belén Sosa.
- Comunidad y educación emocional: La falta de psicoeducación sigue siendo una barrera. “El estigma y el desconocimiento dificultan que las personas pidan ayuda a tiempo”, señaló María José Cisneros.
- Trabajo multidisciplinar: Psiquiatría, psicología, educación y trabajo social deben actuar de forma coordinada. “La salud mental no puede abordarse desde un solo ámbito”, coincidieron los ponentes.
Infancia y adolescencia: el foco de la prevención
Uno de los mensajes centrales del foro fue la necesidad de priorizar la prevención en edades tempranas. Hilario Blasco explicó que la evidencia científica internacional demuestra que invertir en la infancia tiene un impacto directo en la reducción de trastornos mentales en la adultez. “No se trata solo de tratar síntomas, sino de construir bienestar”, afirmó.
En este sentido, destacó que las escuelas están llamadas a desempeñar un papel clave. La Organización Mundial de la Salud recomienda desde 2021 llevar los programas de salud mental a los entornos educativos, una línea que la nueva política ecuatoriana comienza a impulsar. “Las escuelas ya no son solo espacios de aprendizaje académico, también deben ser espacios de cuidado emocional”, señaló.
El especialista subrayó que los programas más eficaces son aquellos que involucran a todos los actores: docentes, familias, profesionales sanitarios y comunidad. “Cuando los sistemas están bien coordinados, el impacto es mucho mayor”, añadió.
En definitiva, el director médico de Emooti aclaró que “la prevención en la infancia y la adolescencia es la mejor inversión en salud mental”.
Retos del sistema de salud mental en Ecuador
Desde la práctica clínica, María Belén Sosa expuso las limitaciones estructurales del sistema ecuatoriano. La atención en salud mental sigue concentrada en pocos centros especializados, lo que dificulta el acceso, especialmente en zonas rurales o alejadas de las grandes ciudades.
“Tenemos un déficit importante de profesionales y recursos, tanto en hospitales como en atención primaria”, explicó la psiquiatra. Aunque la ley promueve un modelo comunitario, su implementación aún enfrenta obstáculos, como la falta de psicólogos, terapeutas ocupacionales y programas ambulatorios suficientes.
Sosa insistió en la importancia de formar a los docentes para detectar señales de alerta en el aula. “Muchas veces el primer indicio lo observa el profesor, no el especialista”, afirmó, destacando la necesidad de capacitación y protocolos claros de derivación.
Formación continua
La nueva política de salud mental en Ecuador también plantea un desafío en términos de formación profesional. Psicólogos, educadores y trabajadores sociales necesitan desarrollar competencias específicas para la prevención, la intervención temprana y el trabajo comunitario.
En este contexto, titulaciones como la Carrera en Psicología o la Maestría en Intervención en Infancia y Adolescencia se alinean con las necesidades actuales del país, preparando a profesionales capaces de abordar la salud mental desde un enfoque ético, preventivo y multidisciplinar.
Como se destacó en el Foro UNIR, mejorar el bienestar emocional no solo reduce el sufrimiento individual, sino que fortalece el tejido social y contribuye al desarrollo sostenible del Ecuador.







