El acceso de las mujeres a las altas esferas en Ecuador avanza, pero aún enfrenta barreras estructurales y culturales. En un Foro UNIR, líderes empresariales y del sector público analizaron qué se necesita realmente para llegar a puestos de decisión y cómo acelerar ese proceso en la región.

En Ecuador, las mujeres representan más del 40% de la población económicamente activa, según datos del INEC. Sin embargo, su presencia en cargos de alta dirección todavía es limitada. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo, en América Latina menos del 15% de las posiciones ejecutivas en grandes empresas están ocupadas por mujeres.
La brecha no responde únicamente a talento o formación, sino a dinámicas de poder, acceso a redes estratégicas y condiciones estructurales. En este contexto se desarrolló la última edición del Foro UNIR.
Ana Belén Salas, gerente de proyectos en Novis Holding de Inversiones, abrió la conversación con una idea clara: el liderazgo femenino no depende solo del mérito individual. “El mérito no siempre te lleva al liderazgo; necesitas patrocinio estratégico”, afirmó.
Junto a ella participaron Gisela Montalvo, directora ejecutiva de la Cámara de Innovación y Tecnología Ecuatoriana (CITEC); y Laura Villa Escobar, directora del Servicio Civil Distrital de Bogotá, quienes compartieron experiencias desde el sector privado y público.
Cinco claves del Foro UNIR
- El contexto condiciona las oportunidades de liderazgo: “El contexto amplifica o limita el talento”, explicó Ana Belén Salas, al destacar que no todas las organizaciones ofrecen las mismas posibilidades de crecimiento.
- El patrocinio estratégico marca la diferencia: “Un sponsor es quien habla de ti cuando tú no estás en la sala”, señaló Salas, subrayando la importancia de contar con aliados en espacios de poder.
- La representación femenina transforma las decisiones públicas: “La representación importa para las nuevas generaciones”, afirmó Laura Villa.
- La preparación constante es innegociable: “Si tienes miedo, hazlo con miedo y hazlo bien”, expresó Gisela Montalvo.
- La inteligencia emocional redefine la autoridad: “No necesitamos ser menos firmes; necesitamos ser más consistentes”, sostuvo Salas, al abordar los sesgos que enfrentan las mujeres líderes.
El punto de partida
Uno de los ejes centrales del foro fue el análisis del contexto organizacional. No todas las empresas ni instituciones ofrecen las mismas condiciones para que las mujeres accedan a la alta dirección.
Ana Belén Salas explicó que muchas veces el obstáculo no es la capacidad, sino la ausencia de visibilidad en los espacios donde se toman decisiones. Identificar quién ejerce influencia dentro de la organización y comprender sus dinámicas internas forma parte de la estrategia.
En el caso del sector público, Laura Villa destacó que en Bogotá más del 50% de los cargos directivos en varios sectores están ocupados por mujeres, resultado de políticas activas de equidad. Sin embargo, recordó que la ley de cuotas no es suficiente si no se acompaña de cambios culturales y oportunidades reales de desarrollo.
Patrocinio estratégico
El concepto de patrocinio estratégico generó especial interés entre las asistentes. A diferencia de la mentoría tradicional, el sponsor asume un rol activo en el posicionamiento profesional.
Salas relató cómo su crecimiento profesional estuvo vinculado a la exposición en proyectos estratégicos y al respaldo de líderes que confiaron en su capacidad. “La consistencia supera al talento en los círculos cerrados”, explicó.
Montalvo complementó esta visión al señalar que el networking no es accesorio. Participar en espacios gremiales, eventos empresariales y foros sectoriales permite ampliar visibilidad y generar oportunidades.
En un entorno como el ecuatoriano, donde el tejido empresarial combina grandes corporaciones y empresas familiares, las redes profesionales resultan determinantes.
Liderazgo femenino
El liderazgo femenino aporta enfoques distintos en la gestión de equipos y toma de decisiones. Las ponentes coincidieron en que la empatía y la inteligencia emocional constituyen fortalezas relevantes en entornos complejos.
No obstante, también abordaron el doble estándar que enfrentan muchas mujeres. Una conducta firme puede ser interpretada de manera distinta según el género.
Salas insistió en la importancia de mantener coherencia emocional y consistencia profesional. La previsibilidad en el liderazgo reduce percepciones sesgadas y refuerza credibilidad.
Montalvo añadió que el mayor obstáculo suele ser interno. El síndrome del impostor limita aspiraciones incluso en contextos favorables. “Tenemos que creérnosla”, señaló.
Formación continua
El foro también subrayó la necesidad de actualizar competencias. La transformación digital, la inteligencia artificial y el análisis de datos exigen nuevas capacidades en la alta gerencia.
Montalvo explicó que en sectores como el tecnológico resulta imprescindible dominar habilidades digitales y tomar decisiones basadas en datos. La preparación técnica refuerza seguridad y autoridad.
Villa destacó que en el sector público la capacitación continua forma parte de la estrategia institucional para fortalecer liderazgo femenino.
En un entorno competitivo como el ecuatoriano, la formación de posgrado, el dominio de idiomas y el desarrollo de habilidades blandas se convierten en elementos diferenciales.
Más allá del techo de cristal
El liderazgo femenino en Ecuador avanza, pero aún enfrenta desafíos. Las cifras muestran progreso, aunque la presencia en juntas directivas y cargos de presidencia sigue siendo reducida.
Las ponentes coincidieron en que el cambio requiere acciones individuales y colectivas. Perder el miedo, construir redes estratégicas y abrir espacios a otras mujeres forman parte del proceso.
El liderazgo no consiste solo en ocupar un cargo, sino en ejercer influencia positiva y generar impacto sostenible.
Como concluyó Laura Villa: “la representación femenina no solo beneficia a quienes lideran hoy, sino a las generaciones que observan y aspiran a ocupar esos espacios mañana”.







