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Luisa María Heredia, periodista y alumna de UNIR: “Esta pandemia nos ha enseñado a trabajar con miedo”

Luisa María Heredia

La periodista guayaquileña y ex alumna de la Maestría en Comunicación y Marketing Político de la UNIR nos cuenta cómo es trabajar en primera línea de batalla durante el Covid-19.

Luisa María supo desde temprana edad que se dedicaría al periodismo. Sabía que tendría que trabajar por largas horas y escuchar historias desgarradoras. Era consciente que el trabajo a presión sería el pan de cada día, pero nunca se imaginó que tendría que aprender a trabajar con miedo. En sus doce años de periodismo es la primera vez que su labor la lleva a arriesgar su vida.

¿Cómo ha sido tu día a día en el trabajo durante la crisis? 

Difícil. Me levanto a las tres de la mañana para tener todo listo para el noticiero de las seis en radio Forever. A partir del mediodía salgo para Teleamazonas, el canal en donde trabajo hasta la noche. Paso alrededor de seis horas en la calle reporteando con una mascarilla, visores y un traje de bioseguridad encima. Pero, lo realmente duro es enfrentar cara a cara la realidad de la crisis en Guayaquil, la ciudad más afectada por la pandemia en el Ecuador.

 

¿Cuáles son las situaciones más difíciles que has tenido que enfrentar?

Sin duda, las historias de la gente. Cuando llegas a un barrio empobrecido con una cámara, la gente se acerca a ti a contarte sobre el hambre y las necesidades que están atravesando. Quieren que los ayudes, que difundas su historia y llamar la atención de las autoridades.

He tenido que ir en varias ocasiones al Hospital del Guasmo Sur, el centro de salud con más enfermos de Covid-19 de Guayaquil. La gente te pide que los ayudes a encontrar a su familiar enfermo porque no saben nada de él. En una ocasión una mujer se me acercó y me dijo que llevaba días buscando en las actas de ingreso al hospital a su hermano enfermo, pero no lo encontraba. Yo quería decirle que busque en las actas de defunción porque también podía ser una posibilidad. Pero… ¿cómo le dices eso a una persona angustiada y con la esperanza de encontrar a su hermano con vida? Es duro.

 

¿Cómo puedes describir el ambiente en Guayaquil? 

Voy a hablar sobre el Guayaquil que tuvimos durante las dos semanas de pico de contagios. Un panorama verdaderamente desgarrador.  El aire emanaba angustia. Era insólito ver transitar a camiones llenos de militares por las calles vacías, mientras la gente espiaba por sus ventanas y balcones con rostros de desesperación. Pero, lo más duro fue la situación de los cadáveres en las casas y en las calles. Nuestro Guayaquil ya no era el mismo, esa ciudad activa, comercial, con gente yendo y viniendo que desapareció, al igual que la alegría del guayaco.

¿Te encontraste con alguna situación que terminó por desplomarte a nivel emocional?

Desde el inicio de la emergencia tomé la situación con bastante fuerza y entereza para que no me doblegue. Pero, en una ocasión cuando tuve que hacer un reportaje sobre el colapso del sistema funerario en Guayaquil, un caso en particular me desgarró. Un joven de 18 años se me acercó desesperado para pedirme ayuda. Me contó que había tenido que embalar los cadáveres de su mamá y su tía, quienes fallecieron por coronavirus. Lo más terrible es que nadie retiraba los cuerpos y llevaban trece días en su sala, en estado de descomposición. Él me decía que no tenía dinero para cremar a quienes lo habían criado, que no sabía qué hacer, ni a quién pedir ayuda. Él no buscaba una entrevista, él buscaba respuestas.

¿Durante tus años como periodista has enfrentado una situación parecida a la actual?

El otro día conversábamos con unos colegas que un antecedente a esta crisis fue el terremoto de abril de 2016, en Manabí. Esa vez los hechos nos pusieron a prueba a nivel emocional. Pero, ahora es diferente porque en aquella ocasión trabajamos con las emociones a flor de piel, pero aprendimos a no permitir que los sentimientos nos absorban. Pero ahora, debemos trabajar con miedo y a veces ese sentimiento es más fuerte que uno mismo, hay que aprender a convivir con él. Esta pandemia nos ha enseñado a trabajar con miedo.

¿Tienes miedo a contagiarte?

Sí. Tuve miedo cuando Guayaquil estuvo en los días pico de contagio. También, cuando hice un reportaje en una sala del hospital con personas infectadas. Claro que tengo miedo a contagiarme, pero temo más contagiar a mis padres. Yo vivo con ellos y son adultos mayores. No me gusta pensar que por mi culpa ellos podrían infectarse. Por esta razón, en las últimas semanas he tenido muy poco contacto con ellos a pesar de vivir juntos. No hemos podido sentarnos a la mesa todos como antes, ni hemos podido darnos un abrazo.

 

Y sé que la situación que estoy viviendo yo, la están pasando miles de doctores, policías, militares y colegas, quienes temen contagiar a sus seres queridos más que a ellos mismos.

Varios periodistas han fallecido en Ecuador a causa del coronavirus. ¿Temes morir? 

Es duro saber que puedes morir por hacer tu trabajo. Es triste perder a compañeros periodistas por esta situación. Es difícil asimilar que la semana pasada viste a tu compañero estornudar y a la siguiente semana te enteras de que ha fallecido.

 ¿Qué has aprendido de esta situación?

Mucho. En la parte profesional he aprendido a trabajar con miedo. Estaba acostumbrada a trabajar bajo presión, pero no bajo miedo. Ecuador ha sido un país que no ha tenido que pasar por situaciones bélicas, algo que la prensa de otros países sí ha tenido que enfrentar, y esto, te hace verdaderamente fuerte.

Por el lado personal, he aprendido a ser paciente y agradecida. A veces reniego por tener que ponerme el traje de bioseguridad y por la molestia que causa la mascarilla en la nariz. Pero, conocer casos de gente falleciendo, muriendo de hambre, familias destruidas, me hace reflexionar y decirme a misma que debo ser paciente y agradecida porque estoy saludable y tengo un trabajo.

Creo que estas circunstancias nos deben sacar lo mejor de cada persona porque si no, no sé qué lo hará. No podemos quedar iguales una vez que hayamos superado esta crisis. Debemos ser mejores personas en todos los sentidos.

 

 

 

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