Foro UNIR analiza el impacto de la inteligencia artificial en el empleo y la gestión de las empresas del Ecuador. El reto no es solo dominar la tecnología, sino lograr que nos haga mejores y aprender a convivir con la incertidumbre.

Los 7 puntos claves del Foro UNIR
- Gestionar la incertidumbre, una competencia decisiva: El foro destacó que los profesionales deberán aprender a trabajar sin tener todas las respuestas. La capacidad de actuar en escenarios ambiguos será clave para sostener el empleo y el liderazgo.
- La IA automatizará tareas, pero no todo el valor humano: Los expertos coincidieron en que muchas funciones repetitivas serán asumidas por máquinas. Pero la creatividad, la ética, el pensamiento lateral y la toma de decisiones complejas seguirán marcando la diferencia.
- Las competencias blandas ya son competencias core: Adaptación al cambio, gestión emocional, pensamiento crítico y tolerancia a la frustración fueron señaladas como habilidades esenciales. Ya no son complementarias, sino centrales para competir.
- El bienestar emocional será clave en las empresas: Las organizaciones deberán crear espacios donde se pueda preguntar, fallar y aprender. Sin confianza, la transformación tecnológica puede generar miedo, ansiedad y resistencia.
- El cambio debe integrar a las personas desde el inicio: Imponer herramientas desde arriba suele provocar rechazo. La adopción de la IA necesita comunicación, participación y acompañamiento de los equipos.
- El talento se mide por lo que se hace con lo que sabe: El conocimiento técnico sigue siendo importante, pero ya no basta. Las empresas buscan perfiles capaces de aplicar, cuestionar, conectar ideas y generar soluciones útiles.
- Ecuador debe prepararse para un impacto global: Aunque algunos cambios parezcan lejanos, la IA ya está transformando mercados en todo el mundo. El país tiene el reto de cerrar brechas formativas y fortalecer el liderazgo digital.
La extensión y el rápido avance de la inteligencia artificial está modificando la forma en que las empresas toman decisiones, gestionan equipos y definen qué perfiles necesitan para competir. Esta fue una de las principales conclusiones del Foro UNIR ‘El futuro del trabajo en Ecuador: liderazgo estratégico en la era de la IA’, un encuentro en el que se abordó el impacto de esta tecnología en el empleo, pero también la necesidad de fortalecer aquello que sigue siendo diferencialmente humano: la creatividad, el pensamiento crítico, la gestión emocional y la capacidad de resolver problemas complejos.
En el foro participaron Jorge Heili, periodista y director de Foro UNIR; Javier G. Recuenco, CEO y founder de singular solving, consultor, divulgador y experto en pensamiento complejo; y Patricia María Tisner, coordinadora del Máster Universitario en Dirección y Gestión de Recursos Humanos de UNIR. Aunque la convocatoria inicial contemplaba la intervención de otros ponentes, la organización explicó que, por circunstancias externas, vinculadas a la situación de seguridad en Ecuador, fue necesario adaptar el programa en las horas previas al evento.
Jorge Heili abrió la sesión situando el debate en un punto clave: la velocidad del cambio. Según explicó, predecir cómo será el trabajo en los próximos años resulta cada vez más difícil, porque las herramientas de inteligencia artificial evolucionan en cuestión de semanas y alteran procesos que antes parecían estables. “Hoy, cuando hablamos de ese futuro del trabajo, vamos a hablar del aspecto más importante: qué nos queda en la parte humana”, planteó al inicio del encuentro.
La incertidumbre como nueva competencia profesional
La ponencia central de Recuenco giró en torno a una idea incómoda: las personas no están biológicamente preparadas para vivir en escenarios de incertidumbre constante. El experto recordó que, ante los problemas complejos, la reacción habitual suele ser ignorarlos o simplificarlos hasta convertirlos en algo manejable, aunque esa versión reducida no represente el verdadero problema.
“Estamos en un entorno absolutamente líquido”, afirmó Recuenco, al describir un contexto laboral en el que la IA acelera transformaciones que ya venían de antes. A su juicio, el gran desafío no es solo técnico, sino psicológico, organizativo y cultural. “Los seres humanos no estamos diseñados para este tipo de escenarios”, añadió, al referirse a la ansiedad que produce no saber qué ocurrirá con el empleo, las profesiones o los sectores productivos.
Para el experto, la incertidumbre laboral tiene un efecto profundo porque no afecta únicamente a los ingresos. También toca la identidad. Muchas personas se definen por lo que hacen, por su oficio o por el conocimiento acumulado durante años. Por eso, cuando una tecnología amenaza con automatizar parte de ese trabajo, la sensación de pérdida puede ir mucho más allá de lo económico.
Recuenco señaló que la IA impactará especialmente en tareas basadas en recopilar, ordenar, limpiar y presentar datos. “Si vuestro trabajo diario lo puede hacer una máquina, lo terminará haciendo la máquina y lo terminará haciendo la máquina mejor que vosotros”, advirtió. Sin embargo, su análisis no cayó en el determinismo tecnológico. Su tesis apunta a que el valor estará en aquello que las máquinas todavía no resuelven bien: la creatividad real, el pensamiento lateral, la comprensión humana y la resolución de problemas sin precedentes.
El liderazgo no puede delegar lo humano
Tras la ponencia, Patricia María Tisner profundizó en las implicaciones para las empresas y los equipos. Desde su experiencia y el conocimiento de los recursos humanos, sostuvo que las llamadas competencias blandas ya no pueden considerarse accesorias. “De blandas nada, son competencias core”, subrayó, al hablar de adaptación al cambio, gestión emocional, pensamiento crítico y capacidad para vivir en la ambigüedad.
La especialista explicó que la ansiedad se ha convertido en una de las grandes tensiones de la época actual, alimentada por el miedo y por la sensación de pérdida de control. Frente a ello, defendió la necesidad de crear entornos laborales seguros, donde las personas puedan aprender, equivocarse, preguntar y participar en los procesos de cambio sin sentirse amenazadas.
“Tenemos que trabajar el concepto de seguridad psicológica”, señaló Tisner. Esa seguridad, precisó, no significa eliminar la exigencia, sino reducir la ansiedad para que los colaboradores puedan pensar mejor, aportar ideas y resolver problemas complejos. En organizaciones marcadas por la IA, la comunicación transparente y la gestión del error serán tan importantes como la inversión tecnológica.
Tisner insistió en que muchas empresas fallan al introducir cambios porque los imponen de arriba hacia abajo, sin escuchar a quienes deberán aplicarlos en el día a día. Esa falta de participación puede generar resistencia, rechazo o incluso boicot silencioso. “Cualquier proceso de cambio empieza por integrar a las personas en el momento del cambio”, afirmó.
Ecuador ante el reto del talento
El foro también aterrizó el debate en la realidad ecuatoriana. Desde el chat, algunos asistentes señalaron que ciertas transformaciones asociadas a la IA pueden percibirse todavía lejanas en el país, donde persisten desafíos como la informalidad laboral y las brechas de formación. Sin embargo, Tisner recordó que la inteligencia artificial tiene un alcance global y que sus efectos, con mayor o menor velocidad, ya están llegando a todos los mercados.
La coordinadora del Máster en Dirección y Gestión de Recursos Humanos de UNIR vinculó esta transformación con una preocupación creciente de las empresas: la dificultad para encontrar perfiles adecuados. Según explicó, muchas organizaciones buscan profesionales autónomos, creativos, flexibles y con pensamiento crítico, pero no siempre están preparadas para gestionar a personas que también cuestionan, proponen y desafían inercias internas.
Jorge Heili, director de Foro UNIR, conversa con Patricia María Tisner, coordinadora del Máster Universitario en Dirección y Gestión de Recursos Humanos de UNIR.
“Ahora ya no es tan importante lo qué sabes, sino lo qué haces con lo que sabes”, resumió Tisner. Esa frase refleja uno de los grandes cambios del mercado laboral: el conocimiento acumulado sigue siendo necesario, pero ya no basta. La diferencia estará en la capacidad de aplicarlo, conectarlo con datos, traducirlo en decisiones y adaptarlo a contextos cambiantes.
En ese punto, Recuenco introdujo una idea especialmente relevante para América Latina y el mundo hispano. A su juicio, las culturas acostumbradas a operar en escenarios de excepcionalidad pueden tener una ventaja en un tiempo marcado por la incertidumbre. “Nosotros somos particularmente buenos en periodos de cambio extremo y en periodos de incertidumbre extrema”, sostuvo, al defender que esa capacidad de adaptación puede convertirse en un activo estratégico.
IA para elevar capacidades, no para sustituir personas
Uno de los momentos centrales del evento llegó cuando Heili planteó si existe una sobreexpectativa en torno a la IA, como si esta tecnología fuera a resolverlo todo y a sustituir masivamente a los trabajadores. Tisner respondió desde una posición humanista y tecnológica, y explicó que habrá tareas automatizables que desaparecerán o cambiarán, pero también surgirán nuevos roles y nuevas formas de trabajar.
La especialista comparó la IA con herramientas que en su momento también generaron temor, como internet o la calculadora. La clave, dijo, está en entender la tecnología como un medio para liberar tiempo y energía de tareas repetitivas, no como un reemplazo absoluto del criterio humano. “La IA bien utilizada nos va a permitir quitar esos trabajos que no aportan valor”, explicó.
Para Tisner, el verdadero objetivo es que la IA eleve las capacidades humanas. Puede ayudar a procesar datos, detectar patrones y optimizar procesos, pero las decisiones complejas seguirán requiriendo experiencia, ética, contexto y sensibilidad. “Lo que tenemos que hacer como seres humanos es que nos eleve, que eleve nuestras capacidades”, afirmó.
Recuenco coincidió en esa visión al recuperar la metáfora del “centauro”, inspirada en Garry Kasparov: la mejor respuesta no es enfrentar al humano contra la máquina, sino combinar lo mejor de ambos. “La manera adecuada de verlo es plantear cómo podemos llegar a ser humanos extendidos que tengan sentido”, señaló.
El foro dejó una conclusión de fondo: el futuro del trabajo en Ecuador no dependerá únicamente de cuántas herramientas de IA adopten las empresas, sino de cómo preparen a sus líderes y colaboradores para usarlas con criterio. La tecnología automatizará tareas, cambiará roles y exigirá nuevas competencias, pero también abrirá oportunidades para quienes sepan aprender, desaprender y trabajar en entornos ambiguos. En ese escenario, el liderazgo estratégico deberá combinar datos, ética, creatividad y confianza para que la transformación digital no borre lo humano, sino que lo potencie.







