El Foro UNIR ‘Educación con IA: cómo transformar el aula y multiplicar el impacto docente’ reunió a especialistas para debatir cómo aprovechar su potencial sin renunciar al juicio humano, la creatividad ni la mediación pedagógica.

Los 7 puntos claves del Foro UNIR
- La IA no sustituye al docente: Los expertos coincidieron en que la inteligencia artificial debe funcionar como apoyo y no como reemplazo del pensamiento pedagógico. Su valor está en potenciar la labor docente, no en vaciar la mediación humana que sostiene el aprendizaje.
- Menos carga operativa, más tiempo para enseñar: Una de las ventajas más concretas de la IA es ayudar a reducir tareas repetitivas, administrativas y de organización. Ese tiempo recuperado puede destinarse a acompañar más al estudiante y a mejorar la experiencia de aula.
- Personalizar sí, pero con criterio: Las herramientas inteligentes permiten adaptar contenidos, ritmos y actividades según necesidades concretas. Sin embargo, esa personalización solo funciona bien cuando el docente interpreta el contexto y decide cómo aplicar cada recurso.
- La motivación se diseña, no se impone: El foro subrayó que la desmotivación estudiantil no puede explicarse solo como un problema individual. Crear curiosidad, desafío, autonomía e interacción sigue siendo una tarea central del profesorado, también cuando usa IA.
- Pensamiento crítico frente a respuestas automáticas: La fluidez con que responde la IA no garantiza profundidad ni verdad. Por eso, enseñar a contrastar, debatir, verificar y cuestionar lo que produce la tecnología se vuelve una competencia básica en la educación actual.
- La evaluación debe transformarse: Si la IA ya puede resolver tareas mecánicas de redacción o síntesis, la escuela necesita revisar qué y cómo evalúa. Los expertos defendieron una evaluación más centrada en procesos, criterio, resolución de problemas y autoría.
- La innovación educativa depende del contexto: En realidades rurales, multigrado o con baja conectividad, el debate sobre IA no puede copiar modelos externos sin adaptación. La clave está en que el docente use la tecnología de forma pertinente según sus estudiantes y su entorno.
La inteligencia artificial ha dejado de ser una novedad periférica para instalarse en el centro de la conversación educativa. En el Foro UNIR ‘Educación con IA: cómo transformar el aula y multiplicar el impacto docente’, los especialistas coincidieron en que su irrupción ya está modificando la manera de planificar, enseñar, evaluar y acompañar los procesos de aprendizaje.
Pero también dejaron una advertencia clara: el verdadero cambio no pasa por usar más tecnología, sino por aprender a integrarla con criterio pedagógico, sentido ético y una mirada profundamente humana sobre lo que ocurre en el aula. Lejos de plantearla como un sustituto del profesor, los expertos defendieron una integración crítica de la IA para personalizar el aprendizaje, reducir la carga operativa y recuperar tiempo para lo esencial: acompañar mejor a los estudiantes y enseñar con más sentido.
En el encuentro participaron José Manuel Sánchez, director académico del Máster Universitario en Tecnología Educativa de UNIR y experto en IA para la educación; Lizeth Maritza Hermosa Flores, jefa de Mentoría Académica Sierra-Amazonía EDINUN Ecuador, doctorada en Innovación y Educación, magíster en Innovación Educativa y especialista en NTIC y educación; y Hendrys Fabián Tobar, educador experto en innovación y tecnología interactiva, instructor del Servicio Nacional de Aprendizaje, Sena Colombia en el área de desarrollo de videojuegos, director de la ludoteca del Departamento del Cauca y creador de la startup El Maestro Creativo. La peridodista Ana Gugel moderó el encuentro.
La primera idea relevante del foro fue desmontar una falsa dicotomía: no se trata de elegir entre educación tradicional o inteligencia artificial, sino de reconocer que la escuela ya cambió y que el aula, presencial o virtual, funciona hoy en un entorno atravesado por herramientas digitales.
José Manuel Sánchez planteó que hablar del aula como un espacio aislado de la tecnología ya no tiene demasiado sentido, porque la IA ha irrumpido en la vida cotidiana del docente y del estudiante, y está obligando a revisar desde la planificación hasta las formas de evaluación. En esa nueva realidad, defendió una premisa central: “La inteligencia artificial no es una moda pasajera”.
Su planteamiento no fue tecnoutópico, sino práctico. Sánchez insistió en que una de las grandes aportaciones de la IA es aliviar una sobrecarga administrativa que durante años ha consumido buena parte del tiempo del profesorado. Elaborar presentaciones, preparar rúbricas, organizar materiales, redactar propuestas de clase o sistematizar información son tareas que hoy pueden acelerarse con apoyo inteligente. Pero el ahorro de tiempo, subrayó, solo vale la pena si se traduce en un mejor uso pedagógico del trabajo docente. “La clave de todo esto no es hacer más rápido las mismas tareas”, sostuvo, sino aprovechar esa ayuda para repensar cómo se enseña y cómo se aprende.
Personalización, retroalimentación y ahorro de tiempo
En esa línea, una de las conclusiones más relevantes del foro fue que la IA sí puede contribuir a una personalización más real del aprendizaje. Sánchez explicó que ya existen plataformas capaces de adaptarse al ritmo del estudiante, ofrecer retroalimentación inmediata y generar información valiosa sobre cómo se relaciona el alumnado con los contenidos, cuánto tiempo dedica a cada actividad o en qué puntos encuentra mayores dificultades. El valor de esas herramientas dijo, no está solo en producir materiales, sino en permitir una observación más fina del proceso educativo para intervenir mejor.
Ese enfoque conecta con una preocupación muy extendida entre los docentes: cómo atender la diversidad sin quedar atrapados por la carga operativa. Para los ponentes, aquí la inteligencia artificial ofrece una oportunidad concreta. Puede ayudar a diseñar actividades diferenciadas, adaptar recursos según necesidades educativas específicas y eliminar barreras en contextos de inclusión y accesibilidad. Pero esa posibilidad, insistieron, exige un profesor que decida, seleccione, revise y contextualice. La IA puede sugerir; el docente sigue siendo quien interpreta la realidad del aula y convierte esas sugerencias en acciones pertinentes.
José Manuel Sánchez lo resumió con dos conceptos que atravesaron buena parte del debate: inteligencia y cocreación. El primero, porque recordó que estas herramientas resultan muy convincentes, aunque también pueden equivocarse o “alucinar”. El segundo, porque rechazó de plano la idea de delegar en ellas la responsabilidad pedagógica. “No podemos delegar en la inteligencia artificial toda la responsabilidad”, afirmó, al defender que la relación con estas plataformas debe ser de colaboración y no de sustitución. “El buen resultado no depende únicamente de la herramienta, sino de la calidad del criterio con que se la usa”, insistió.
La IA no reemplaza el juicio pedagógico
Ese punto fue desarrollado con especial claridad por Lizeth Maritza Hermosa Flores, quien advirtió que la incorporación de la IA abre dos caminos. Uno de ellos consiste en entenderla como una compañera de la práctica docente, una aliada para innovar, reaprender y mejorar procesos. El otro, mucho más problemático, es asumirla como un sustituto del pensamiento. Para ella, aquí se produce el verdadero riesgo: vaciar la mediación pedagógica y reducir la enseñanza a un ejercicio de productividad. “La IA ha llegado para mejorar nuestros procesos”, señaló, pero recordó que, si se la utiliza solo para reemplazar el juicio del docente, se pierde una dimensión esencial de la educación.
Ana Gugel y José Manuel Sánchez, director académico del Máster Universitario en Tecnología Educativa de UNIR y experto en IA para la educación.
Su intervención puso el foco en algo menos visible, pero decisivo: la metacognición del propio profesorado. Lizeth defendió que el docente también debe asumirse como aprendiz en esta nueva etapa. No basta con conocer herramientas; hace falta comprender qué implican, cuándo conviene usarlas, para qué tipo de decisiones sirven y en qué momentos es mejor no utilizarlas. En otras palabras, “no se trata solo de saber qué puede hacer la IA, sino de desarrollar la capacidad de decidir pedagógicamente qué conviene hacer con ella y qué no”, señaló.
Desde esa mirada, el foro dejó una de sus ideas más fértiles: la calidad del proceso educativo no mejora automáticamente por incorporar recursos inteligentes. Mejora cuando el profesor transforma su propia práctica, cuestiona rutinas heredadas y conecta mejor con la manera en la que aprenden sus estudiantes. Lizeth lo expresó con contundencia al sostener que “la desmotivación del alumnado no debe verse solo como un rasgo individual, sino como un síntoma de lo que está ocurriendo en el aula”. Es decir, no basta con culpar al estudiante por su falta de interés; también hay que revisar qué experiencias de aprendizaje se le están proponiendo.
Motivación, curiosidad y experiencias con sentido
El debate sobre motivación ocupó uno de los tramos más ricos del foro. Frente a la preocupación de muchos docentes por el uso mecánico de la IA por parte del alumnado, resumido en el ya conocido “copiar y pegar”, Lizeth Maritza Hermosa Flores propuso cambiar la pregunta. Más que centrarse en cómo impedir ese comportamiento, invitó a pensar cómo crear experiencias que activen curiosidad, autonomía, competencia y vinculación. Para ella, “la motivación no se decreta, se diseña. Y en esa tarea la IA puede ayudar, siempre que se la use para enriquecer la experiencia y no para vaciarla”, subrayó.
Según destacó, “una planificación impecable en el papel no transforma nada si luego no se traduce en interacciones reales, discusión, lectura crítica, trabajo en equipo y desafíos significativos”. Por eso insistió en que “la tecnología no debe convertirse en otra capa burocrática, sino en una vía para fortalecer la experiencia humana de aprender”. Desde esa perspectiva, las herramientas de IA pueden servir para diversificar actividades, ajustar niveles de complejidad, enriquecer casos o proponer preguntas, pero el centro sigue estando en la mediación del docente y en la calidad del reto que enfrenta el estudiante.
Hendrys Fabián Tobar llevó esa reflexión a otro terreno: el juego. Su intervención dejó una de las imágenes más sugerentes del encuentro, al pedir a los profesores que redescubran “el juego que hay detrás del contenido”. Para él, el problema no es incorporar videojuegos, dinámicas lúdicas o recursos más vistosos, sino seguir pensando la educación con la misma lógica de siempre y apenas decorarla con innovación. “Lo primero que un profesor tiene que hacer es convertirse en un catalizador de sensaciones”, afirmó, para defender que la estructura curricular debe sentirse como una experiencia valiosa, no como un contenido que apenas se intenta hacer más entretenido.
En su ejemplo sobre las matemáticas, Tobar propuso dejar de entenderlas como una suma de procedimientos abstractos y recuperar su dimensión de exploración, patrón, arte y filosofía aplicada. Comprender, abstraer, organizar datos o transformar información, dijo, son actividades que pueden resultar profundamente estimulantes si se presentan con sentido. Favián Tobar lanzó un mensaje de fondo: “Enganchar al estudiante no depende solo de sumar tecnología, sino de reconstruir el vínculo entre conocimiento, experiencia y deseo de aprender”.
Pensamiento crítico frente a respuestas fluidas
Otro de los grandes ejes del foro fue el pensamiento crítico. La preocupación era evidente: si la inteligencia artificial genera respuestas rápidas, bien redactadas y aparentemente solventes, ¿cómo evitar que el estudiante deje de pensar por sí mismo? José Manuel Sánchez respondió desde una idea simple, pero muy potente: “La IA debe usarse también para cuestionar a la propia IA”. El director de la Maestría Universitaria en Tecnología Educativa de UNIR señaló que estas herramientas suelen responder con una seguridad que invita a creerles, y justamente por eso “es imprescindible enseñar a verificar, contrastar, contextualizar y discutir lo que producen”, destacó.
“La parte ética y crítica” del uso de la inteligencia artificial, insistió, no es un añadido opcional, sino una “condición de su integración educativa”. Para los expertos, el riesgo no está solo en que los estudiantes copien, sino en que acepten sin análisis una respuesta bien formulada. Por eso defendieron actividades que obliguen a interrogar la fiabilidad de la información, comparar versiones, detectar vacíos argumentativos y revisar sesgos.
Lizeth complementó esa idea al distinguir entre una respuesta fluida y un juicio verdaderamente argumentado. Explicó que “la escuela debe formar a los estudiantes para comprender cómo funcionan estos sistemas, cuáles son sus límites y cómo se insertan en una lógica algorítmica que no equivale al razonamiento humano”. En ese punto propuso trabajar con una secuencia por capas: primero comprender los fundamentos, luego aplicar la herramienta a problemas concretos, más tarde crear soluciones propias con apoyo de la IA y, finalmente, volver al pensamiento sin IA para consolidar criterio, autonomía y capacidad de decisión.
Lizeth Maritza Hermosa Flores, jefa de Mentoría Académica Sierra-Amazonía EDINUN Ecuador.
Ese modelo progresivo busca evitar dos extremos: el rechazo total de la tecnología y su adopción pasiva. Se trata, más bien, de que el estudiante construya primero, contraste después y mejore con apoyo inteligente sin perder autoría ni comprensión. Lizeth lo aterrizó incluso en ejemplos sobre lenguas, al plantear que una herramienta de IA puede convertirse en interlocutora para simular contextos comunicativos, siempre que el objetivo no sea traducir mecánicamente, sino activar habilidades reales de expresión, comprensión y respuesta.
Formación docente y cambio de paradigma
La pregunta por las competencias que necesita hoy el profesorado atravesó todo el foro. No se respondió con una lista cerrada, sino con una orientación general: hace falta formarse no solo para usar herramientas, sino para cambiar de paradigma. José Manuel Sánchez sostuvo que “la IA está obligando a repensar la educación y, sobre todo, la evaluación. Si una máquina puede resumir, esquematizar o redactar con facilidad, deja de tener sentido pedir exactamente lo mismo de la misma manera. La escuela debe enfocarse más en habilidades, destrezas y competencias para resolver situaciones reales”, señaló.
Hendrys Fabián Tobar llevó esa idea aún más lejos con una comparación elocuente. Dijo que “la inteligencia artificial no debe pensarse apenas como otra herramienta más, sino como una transformación de época que exige cambiar el recipiente, no solo el contenido. La inteligencia artificial te está diciendo que cambies el paradigma”, afirmó. Para él, el docente no puede limitarse a usarla para reproducir procesos previos con mayor rapidez, porque la magnitud del cambio obliga a reconsiderar el aula, el rol del profesor, la experiencia del estudiante e incluso la lógica institucional de la escuela.
Este experto invitó a perderle el miedo. No porque todo esté resuelto, sino porque el cambio ya ocurrió y la tarea del docente no es resistirse a él, sino conducirlo con criterio. En esa transformación, insistió, “el profesor sigue siendo agente central. No porque monopolice la información, sino porque interpreta, acompaña, orienta y convierte la abundancia tecnológica en una experiencia formativa con sentido”.
IA y educación rural: innovación con contexto
El foro también aterrizó la discusión en una realidad decisiva para Ecuador y América Latina: la educación rural. Allí, Lizeth Maritza Hermosa Flores recordó que las desigualdades de conectividad siguen marcando diferencias profundas entre contextos urbanos y rurales. Por eso pidió no reducir la conversación a la herramienta concreta, sino pensar en cómo el docente puede aprovechar lo disponible para generar mejores preguntas, contrastar resultados y organizar experiencias de aprendizaje más efectivas.
Su intervención puso sobre la mesa una idea clave: “En contextos rurales, la innovación no depende tanto del brillo tecnológico como de la capacidad del profesor para transversalizar contenidos, ajustar la carga cognitiva y diseñar trayectorias pertinentes para grupos diversos, incluso en aulas multigrado”. En esos escenarios, explicó, “la inteligencia artificial puede ser útil para ayudar a organizar contenidos por niveles, crear secuencias diferenciadas y ampliar posibilidades, pero su valor real depende del conocimiento que el docente tenga del desarrollo cognitivo de sus estudiantes y de las condiciones concretas en que enseña”.
Repensar la educación para que la IA sume y no sustituya
A medida que avanzó el foro, fue quedando claro que el centro del debate no era tecnológico, sino pedagógico. Los tres expertos coincidieron en que la IA solo tiene sentido en educación si fortalece lo que hace valiosa a la enseñanza: la relación, la mediación, el criterio, la creatividad y la capacidad de construir experiencias de aprendizaje significativas. El docente no desaparece; al contrario, se vuelve más importante justamente porque el acceso a respuestas automáticas obliga a reforzar todo lo que una máquina no puede sustituir del todo.
Hendrys Fabián Tobar, experto en innovación y tecnología interactiva, educador y diseñador instruccional.
La conclusión más compartida fue que la inteligencia artificial puede liberar tiempo, ampliar posibilidades y enriquecer procesos, pero no debe convertirse en un atajo que debilite el esfuerzo cognitivo ni en una coartada para vaciar la práctica pedagógica. Su mejor uso aparece cuando ayuda a personalizar, a observar mejor, a diseñar con más flexibilidad y a devolver al profesor tiempo y energía para lo esencial. En síntesis, el foro defendió una educación capaz de dialogar con la innovación sin renunciar a la profundidad, y de aprovechar la IA para multiplicar el impacto docente sin perder aquello que hace del aula un espacio profundamente humano.
Los mensajes principales de los participantes
José Manuel Sánchez:
- “La inteligencia artificial nos obliga a repensar cómo enseñamos, cómo aprenden los estudiantes y, sobre todo, cómo debemos evaluar en adelante”.
- “No podemos delegar en la IA toda la responsabilidad. La tecnología puede ahorrar tiempo y ampliar posibilidades, pero el criterio pedagógico sigue siendo irremplazable”.
Lizeth Maritza Hermosa Flores:
- “La IA ha llegado a mejorar nuestros procesos. El problema aparece cuando se la usa como sustituto del pensamiento y no como una compañera para innovar y fortalecer la práctica docente”.
- “La desmotivación no necesariamente es un rasgo de la personalidad, sino tal vez un síntoma de los procesos que llevamos en el aula. Más que pedir interés, el reto del docente es diseñar experiencias que lo despierten”.
Hendrys Fabián Tobar:
- “Lo primero que un profesor tiene que hacer es convertirse en un catalizador de sensaciones. La innovación no consiste en adornar la enseñanza de siempre, sino en rediseñar la experiencia para que aprender tenga sentido”.
- “La inteligencia artificial te está diciendo que cambies el modelo. No basta con usarla para hacer más rápido lo mismo: exige repensar el aula, la evaluación y el rol del profesor”.







