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Cálida y exitosa acogida de Guayaquil a su primera Celebración UNIR Alumni

Es la segunda ciudad más grande del Ecuador y la familia UNIR, que ayer se hizo un poquito más grande aún, pudo sentir de primera mano la calidez y acogida que, por su condición portuaria, caracterizan a Guayaquil. Una intensa bienvenida que, como no podía ser de otra manera, se trasladó también al centro de convenciones Guayaquil Simón Bolívar, sede de la primera Celebración UNIR Alumni. La exitosa ceremonia congregó a más de 3.600 personas, deseosas de ser testigos de la prueba fehaciente de que el esfuerzo tiene su recompensa y de que los sueños, por qué no, también se cumplen.

Familiares, amigos y profesores compusieron en gran medida el nutrido y entregado público. Junto a ellos, los verdaderos protagonistas de la jornada: los 934 alumnos desplazados hasta el lugar de celebración. Si bien son casi dos mil los estudiantes ecuatorianos que se gradúan en esta ocasión. Entre los asistentes, una amplia representación de las diversas provincias del Ecuador. Así, desde Loja o Chimborazo hasta Pichincha pasando por Cuenca, Manabí, Esmeralda, Azuay, Santa Elena o El Oro, entre otras, dejaron sentir su presencia. Incluso, había quienes habían viajado desde Chile e Italia para la ocasión.

 

 

Todos ellos siguieron con suma atención la ceremonia de forma presencial, aunque fueron también muchos los que visionaron tan especial momento a través del streaming y el Facebook Live de UNIR. De esa forma, nadie perdió detalle de la imposición de becas, con 49 titulaciones representadas a través de los 354 alumnos de la Facultad de Educación, los 233 de la Facultad de Empresa, los 199 de la Escuela Superior de Ingeniería y Tecnología (ESIT), los 60 de la Facultad de Ciencias de la Salud, los 52 de la Facultad de Derecho y los 36 de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades.

La intensidad del momento planeó también durante la intervención del rector de UNIR, José María Vázquez García-Peñuela, en la que transmitió su felicitación “sincera a todos los que os habéis graduado por lo que supone de reconocimiento del esfuerzo que realizasteis para conseguir este logro académico tan importante en vuestra vida profesional y personal”. Mérito que, deseó, “no sea solo una palanca para mejorar vuestras condiciones laborales y familiares, sino también un instrumento para servir mejor a vuestros conciudadanos”.

Una clara vocación de servicio a los demás sin la que, destacó, “no seremos jamás ni buenos profesionales ni buenos ciudadanos”. Tras ahondar en la mentalidad actual imperante sobre “lo pronto que estamos a exigir los que consideramos nuestros derechos sobre unas bases que no siempre resultan claras o razonables”, especialmente el derecho a la felicidad, el rector de UNIR manifestó que dicha felicidad “es algo provisional y contingente, cuando la tenemos nos resulta dada, no es el resultado de una exigencia por nuestra parte”.

“Quien busca la felicidad propia a toda costa acaba siendo un triste infeliz. La suele encontrar, por el contrario, quien procura que los demás lo sean”, continuó. Por ello, desveló que la mejor manera para hacer un mundo mejor, “y que todos tenemos al alcance de la mano, es algo tan sencillo, y tan costoso, como ser personas que cumplen bien sus propios deberes”. “Se trata del deber por nuestros semejantes: el barrendero que hace bien su trabajo ayuda a que los demás dispongan de mejor medio ambiente, el profesor que prepara bien sus clases hace posible el derecho a formarse de sus estudiantes… Cumplir bien nuestras obligaciones es lo mejor que podemos hacer por lo demás”, concluyó.

 

Mensaje que subyacía en la lección magistral del vicerrector de Innovación y Desarrollo Educativo de UNIR, Javier Tourón. Bajo el título ‘Educación y libertad: la grandeza de lo pequeño’, el docente desarrolló aspectos como la inteligencia, tendente a la verdad, y la voluntad, que hace lo propio con el bien. Cuestiones estas -la verdad y el bien-, que son referencias esenciales en la educación, “sinónimo de crecer como persona”. Objetivo en el que, indicó, los allí presentes deberán “ayudar a otros, para que recorran su propio camino sin ustedes perder el suyo”.

“Se educa por lo que se es más que por lo que se dice, por eso hemos de ser personas íntegras que tratan de promover en los otros los mismos valores que están tratando de conquistar en sus propias vidas. Su grandeza como personas dependerá de la perfección con la que hagan su trabajo, de la atención en los detalles menores”, exhortó en clara referencia a la ‘grandeza de lo pequeño’.

 

No obstante, también invitó a tomarse el trabajo “como algo muy grande, la materia de su propia perfección personal si lo realizan con trascendencia. El trabajo es una ocasión de servir a los demás, de ser más libres, porque para trabajar bien es imprescindible estar dispuesto a poner de nosotros mismos lo mejor que tenemos”. Con estas ideas en mente, Tourón animó a los nuevos graduados a que su itinerario profesional y personal “debe llevarles a ser lo que deben ser: buenas personas, buenos profesionales, buenos amigos y ciudadanos.

Cualidades que se logran día a día, con esfuerzo y espíritu deportivo. Se hacen de cosas pequeñas, pero ambas son cosas grandes”.

 

Mensaje que hizo suyo Viviana Margarita Veliz Acosta, egresada de la Maestría en Didáctica de la Lengua y Literatura en Educación Secundaria y Bachillerato, al señalar que “en cada ser humano existe el deseo de brindar lo mejor de cada uno”. En representación de sus compañeros, la estudiante resaltó que fue UNIR “la que nos brindó la oportunidad de crecer, potenciarnos y demostrar que fuimos capaces para conseguir la excelencia por medio del estudio online”.

 

La familia, los amigos y los jefes estuvieron presentes en su agradecimiento, también los docentes de UNIR y, especialmente, los tutores de la universidad, a quienes calificó de seres humanos “extraordinarios que, a pesar del cambio horario siempre estaban al pie del cañón, sus palabras de ánimo eran el combustible para seguir adelante y no desfallecer”.

 

Su intervención, coronada con una cerrada ovación, concluyó con un mensaje a las futuras generaciones: “El potencial crecimiento de un país se encuentra en la educación continua, el aprendizaje y las ganas de superación de cada profesional. Nos hace crecer como seres humanos y sociedad”.

 

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