Crear experiencias educativas eficaces exige mucho más que dominar herramientas tecnológicas. Foro UNIR puso de relieve la importancia de construir propuestas que motiven y de fomentar la participación activa de los estudiantes.

Los 7 puntos claves del Foro UNIR
El avance de la inteligencia artificial, la transformación digital de las aulas y los cambios en las formas de aprender están obligando a replantear el papel del docente. Esa fue una de las principales conclusiones del Foro UNIR ‘De docente a arquitecto del aprendizaje: diseña clases online que funcionen’, un encuentro que reunió a especialistas de Ecuador, Colombia y España para reflexionar sobre cómo construir experiencias educativas capaces de conectar con los estudiantes, mantener su atención y generar aprendizajes significativos en entornos virtuales.
Moderado por Ana Gugel, periodista y presentadora, el foro contó con la participación de Diego Apolo Buenaño, embajador de Genially Latam, consultor e investigador especializado en inteligencia artificial, innovación y educación digital; Beatriz Marcano, docente de UNIR, productora y gestora de contenidos digitales para la incorporación de las TIC en la educación; y Jairo Botero Espinosa, director y fundador del Colectivo Nacional de Educación STEM. Los tres coincidieron en que el futuro de la enseñanza pasa por combinar tecnología, pedagogía y una profunda comprensión de las necesidades reales de los estudiantes.
Uno de los mensajes más repetidos durante la jornada fue que la tecnología, por sí sola, no transforma la educación. Diego Apolo recurrió a una metáfora visual para explicar que las herramientas digitales solo adquieren sentido cuando se integran en el contexto y con la labor pedagógica del docente. Separadas, afirmó, son apenas elementos aislados; juntas, pueden convertirse en una auténtica experiencia de aprendizaje.
El experto defendió que el desafío actual no consiste en acumular aplicaciones o incorporar inteligencia artificial de forma indiscriminada, sino en comprender cómo aprenden las personas. “Muchas veces nos centramos un montón en qué enseñar y no cómo necesariamente las personas, nuestros estudiantes, están aprendiendo hoy”, señaló durante su intervención.
Educación 4.0: repensar cómo aprenden los estudiantes
Apolo planteó la necesidad de avanzar hacia una educación 4.0 basada en teorías emergentes como el conectivismo y el enactivismo. Lejos de sustituir los enfoques pedagógicos anteriores, defendió que las distintas corrientes educativas deben complementarse para responder a las nuevas realidades sociales y tecnológicas.
Según explicó, el conectivismo permite aprovechar plataformas digitales y redes sociales como espacios de aprendizaje, mientras que el enactivismo sitúa el foco en el aprendizaje basado en la acción. Ambos enfoques, sostuvo, ayudan a comprender mejor cómo se relacionan hoy los estudiantes con el conocimiento.
A partir de esta visión, presentó un modelo de aprendizaje estructurado en cuatro fases: comprender, crear, compartir y cerrar. La primera busca acercar conceptos complejos mediante formatos cercanos al alumnado; la segunda fomenta la producción de contenidos; la tercera desarrolla habilidades sociales y colaborativas; y la cuarta pretende generar una experiencia que mantenga vivo el interés del estudiante más allá de la sesión.
“La atención no se pide, la atención se gana”, afirmó Apolo al advertir que los docentes compiten constantemente con múltiples estímulos digitales que forman parte de la vida cotidiana de sus alumnos.
La motivación fue precisamente otro de los grandes temas del encuentro. Para el investigador, “motivar no significa entretener permanentemente ni recurrir a la tecnología como un fin en sí mismo. La verdadera motivación consiste en dotar de sentido al aprendizaje y ayudar al estudiante a comprender para qué le sirve aquello que está aprendiendo”, dijo.
Participación activa para evitar clases virtuales pasivas
En la mesa de diálogo, Beatriz Marcano insistió en que uno de los errores más frecuentes consiste en trasladar directamente al entorno virtual metodologías diseñadas para la presencialidad. A su juicio, una clase online no puede convertirse en una conferencia unidireccional en la que los estudiantes se limitan a escuchar.
La especialista defendió que la participación debe planificarse desde el inicio hasta el final de cada sesión. Para ello, recomendó aprovechar las herramientas digitales disponibles y diseñar actividades que involucren constantemente a los alumnos.
“No podemos convertir nuestras clases online en una conferencia porque son muy aburridas”, afirmó. En su opinión, “la participación activa es la mejor estrategia para competir con la enorme cantidad de estímulos que reciben los estudiantes fuera del aula virtual”.
Marcano subrayó además la importancia de conocer las circunstancias reales de quienes se conectan a clase. Muchos estudiantes participan desde teléfonos móviles, mientras trabajan o durante desplazamientos, una realidad que obliga a diseñar actividades adaptadas a diferentes contextos tecnológicos y personales.
La periodista Ana Gugel y Diego Apolo Buenaño, embajador de Genially Latam, consultor e investigador especializado en inteligencia artificial, innovación y educación digital.
La experta defendió que el docente debe desarrollar competencias digitales que le permitan utilizar adecuadamente encuestas, sondeos, pizarras colaborativas y otras herramientas de interacción. Estas dinámicas no solo incrementan la participación, sino que ofrecen información valiosa para comprobar si el alumnado está realmente implicado en el proceso de aprendizaje.
Pensamiento crítico frente a la superficialidad digital
Por su parte, Jairo Botero centró buena parte de sus reflexiones en la necesidad de preservar los procesos de pensamiento profundo en un contexto cada vez más marcado por la inmediatez.
Desde la perspectiva de la educación STEM, alertó sobre el riesgo de que la enseñanza virtual derive en aprendizajes superficiales. Según explicó, el reto consiste en aprovechar el potencial de la tecnología sin renunciar al desarrollo de competencias cognitivas complejas. “La ciencia, la tecnología y las matemáticas son fundamentales en este mundo cambiante y de muchísima incertidumbre”, afirmó.
Para ello, defendió la importancia de promover procesos de indagación, resolución de problemas y diseño de soluciones basadas en situaciones reales. En lugar de limitarse a transmitir contenidos, los docentes deben plantear preguntas, generar hipótesis y ayudar a los estudiantes a explorar respuestas.
Botero sostuvo que el aprendizaje activo es una condición indispensable para que los alumnos desarrollen metacognición, es decir, la capacidad de comprender cómo aprenden y cómo pueden mejorar sus propios procesos de aprendizaje.
Esta visión también apareció cuando abordó los desafíos de materias tradicionalmente complejas, como química, matemáticas o tecnología. Frente a enfoques excesivamente instruccionales, propuso conectar los contenidos con problemas reales que permitan a los estudiantes encontrar sentido a lo que estudian.
Jairo Botero Espinosa, director y fundador del Colectivo Nacional de Educación STEM.
Inteligencia artificial: de amenaza a aliada educativa
La inteligencia artificial atravesó buena parte de las intervenciones. Lejos de plantearla como una amenaza, los expertos defendieron un uso pedagógico responsable y estratégico.
Apolo insistió en que la discusión no debe centrarse en prohibir o castigar el uso de estas herramientas. Según explicó, la clave está en enseñar a utilizarlas de forma crítica, ética y orientada al aprendizaje. “La IA no debe trabajar por ti; la IA debe trabajar para ti”, resumió.
Durante su exposición mostró ejemplos prácticos de aplicaciones capaces de generar resúmenes, infografías, pódcasts o materiales audiovisuales a partir de documentos académicos. Sin embargo, insistió en que el verdadero valor no reside en la herramienta, sino en la capacidad del docente para integrarla dentro de una estrategia pedagógica coherente.
Beatriz Marcano coincidió en esta visión y señaló que una de las competencias más importantes para el profesorado en los próximos años será precisamente la alfabetización en inteligencia artificial. A su juicio, “los docentes deberán aprender a utilizar estas tecnologías como aliadas para potenciar el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de evaluación de sus estudiantes”, explicó.
También defendió la necesidad de analizar y comparar resultados generados por distintas herramientas, manteniendo siempre una actitud reflexiva y crítica frente a sus posibilidades y limitaciones.
Evaluar para mejorar y no para castigar
Otro de los aspectos abordados fue la evaluación, una cuestión que sigue generando incertidumbre entre muchos docentes, especialmente en contextos virtuales.
Para Diego Apolo, el modelo tradicional basado únicamente en la detección de errores resulta insuficiente. En su lugar, propuso avanzar hacia enfoques de feedforward, centrados en ayudar al estudiante a comprender qué puede mejorar y cómo hacerlo.
Beatriz Marcano, docente de UNIR, productora y gestora de contenidos digitales para la incorporación de las TIC en la educación.
El especialista defendió que la evaluación debe convertirse en una oportunidad de aprendizaje y no en un mecanismo exclusivamente sancionador. “Cuando los estudiantes entienden sus errores y reciben orientación para superarlos”, explicó, “desarrollan una mayor motivación y experimentan una auténtica sensación de logro”.
Esta visión conecta con otra de las grandes ideas del foro: la necesidad de humanizar la educación digital. Frente a la fascinación tecnológica, los expertos insistieron en que la prioridad sigue siendo la persona.
Apolo recordó que “detrás de cada pantalla existe una realidad distinta, con estudiantes que se conectan desde contextos muy diversos y que necesitan sentirse acompañados durante su proceso formativo”. En este sentido, reivindicó el valor de la empatía, la curiosidad y la construcción de redes de colaboración entre docentes para compartir experiencias y buenas prácticas.
El foro concluyó con una llamada a recuperar el sentido más humano de la educación. En un contexto marcado por la inteligencia artificial, la sobreabundancia de información y los cambios constantes, los especialistas coincidieron en que el papel del docente sigue siendo insustituible. Más que transmisores de contenidos, los educadores están llamados a convertirse en arquitectos del aprendizaje capaces de diseñar experiencias que inspiren, emocionen y ayuden a los estudiantes a desarrollar las competencias necesarias para afrontar los desafíos del presente y del futuro.







